La (otra) verdadera causa de la(s) Guerra(s)


Una de las peores cosas que podrían estar pasándonos es que lográramos justificar la guerra o fuéramos capaces de entender por qué sucede algo así de absurdo, explicándolo más allá del sinsentido y la generalización de la estupidez. Por supuesto, hay causas y causas; genuinas razones o puras excusas. Sospecho que en los medios “serios” y declaraciones oficiales se trata mayoritariamente de lo segundo.


Conectando los puntos


Sin embargo, aunque a mí me interesan las genuinas razones, de estas no encontré demasiadas en noticieros, diarios y tertulias. En realidad, tampoco en los medios “alternativos”, incluidas redes sociales y canales personales. Por eso, mi afición a intentar conectar los puntos, a riesgo de equivocarme, creo que a veces me aporta algo de luz sobre estos oscuros asuntos.

Si algo tengo cada día más claro, sobre este asunto y otros muchos, es que no hay una única razón, ni unas pocas, sino que son muchos los factores que influyen en cada cuestión, así como muchas las posibles explicaciones y excusas


Diplomacia fallida


Decía Carl von Clausewitz que la guerra es la continuación de la política por otros medios -cuando fracasa la diplomacia- . Más precisamente, lo que escribió en su tratado “Sobre la Guerra", fue esto: “La guerra no es simplemente un acto político, sino un verdadero instrumento político, una continuación de las relaciones políticas, una gestión de las mismas con otros medios”.

Esta verdad nos sugiere que la política en sí puede ya ser dañina, nefasta, violenta incluso, cuando “defiende” la desigualdad entre pueblos y clases por la fuerza

Fotograma de la película Dr. Strangelove o: cómo aprendí a dejar de preocuparme y a amar la bomba

Sustrato de mentiras

Se dice que la primera víctima de una guerra es la verdad, pero la verdad ya está muerta en el caldo de cultivo de las guerras, que es la política. La política no sólo trata de engañar para manipular a la población, sino que se esfuerza en ocultar las verdaderas causas de las cosas para inducir obediencia pacífica y evitar en lo posible la necesidad de coerción más o menos violenta, para evitar a su vez la resistencia. No por humanitarismo, sino por pragmatismo, porque es más fácil y barato engañar que obligar por la fuerza

Entonces, si pudiera sintetizar las razones de la guerra sin resultar abstracto (no sirve, por ejemplo, decir que es el efecto inevitable de la concienzuda estupidez humana, aunque también sea cierto), ¿Cómo lo enfocaría?

Tampoco me conformaría con acusar a los sospechosos habituales: nacionalismos, religión, imperialismo o economía (capitalista o comunista, da igual). Querría aportar algo más, no que necesariamente invalide lo anterior, sino que lo complemente

2 caras de una razón primordial

Mi tesis es que hay una razón increíblemente eludida: la moralidad y salud mental de las personas que tienen la última palabra o bien una gran influencia en los asuntos públicos.

Más concretamente, son dos factores complementarios que no se suelen considerar como causantes de la guerra, pero cuya influencia sin embargo es decisiva en la existencia de grandes conflictos, con alta probabilidad de desembocar en guerras: el liderazgo y las élites

El primer factor consiste en que la responsabilidad sobre las decisiones más significativas recae casi exclusivamente en manos de un puñado de personas, que frecuentemente ni siguiera contarían con ningún respaldo popular. El liderazgo podría ser un vestigio de la evolución social desde sociedades tribales, compuestas por un relativamente reducido número de individuos, sociedades estas mucho menos complejas que las actuales.

En épocas previas a las ciudades y grandes comunidades, dejar el poder en manos de un líder podía tener sentido, pues el poder de estos estaba limitado por la proximidad y contacto del resto de la tribu, además de que no resultaba fácil separarse emocionalmente de las decisiones más importantes, especialmente decidir sobre una guerra. Por lo que se ha interpretado, históricamente los líderes guerreros solían ser también líderes políticos o religiosos, que en caso de guerra iban delante de los demás guerreros, luego se jugaban su propia vida.

https://es.ara.cat/vinetas/ferreres-19-04-2026_134_5710371.html

 En cuanto al elitismo, lo interpreto así: un reducido grupo de personas altamente influyentes (normalmente en virtud de su posición económica, pero también por una combinación de la riqueza con otros privilegios) lucha por expandir -o mantener- su control e influencia sobre la élite política, para lo cual no dudan en usar todos los medios que consideren oportunos, muy probablemente sin atender a causas morales.

La situación termina convirtiéndose en un enorme riesgo para la supervivencia no sólo de la sociedad, sino para civilizaciones enteras, pues se toman decisiones altamente contaminadas por visiones e intereses personales y de clase

Corrupción instrumentalizada


El esfuerzo por mantener una necesaria imagen pública “aceptable” (para los votantes, en primera instancia) propicia los chantajes, por lo que se recurre a menudo al espionaje y a las trampas. La más clásica probablemente emplearía cebos para el deseo sexual y otras apetencias instintivas, resultando especialmente efectivo si es del prohibido socialmente, aún mejor si se trata de horribles vicios.

https://www.timesofisrael.com/painting-of-clinton-in-blue-dress-hung-in-jeffrey-epsteins-home/

Estos chantajes a su vez se sirven de la perversión, alimentada por una existencia de privilegios y riqueza, inmoralidad y búsqueda de emociones, que podría pasar desapercibida para siempre para el común de la ciudadanía gracias a la red de poder, influencias, chantajes y dinero inacabable que se ha tejido como sistema de protección y ocultamiento.

Pastores despiadados de un gran rebaño


Esta es, en mi opinión, la “otra verdadera” causa de la guerra, pero también, en gran medida y demasiado a menudo, de la corrupción política, la permanencia de desigualdades extremas, las grandes crisis, la inacción ante las injusticias flagrantes y del mantenimiento de privilegios moralmente injustificables, así como de la perpetuación de la injusticia social

Por esta casta se siguen apoyando -a la fuerza- sus abominables guerras, enviando carne de cañón y sacrificando seres humanos totalmente inocentes (en las guerras de hoy ya mueren más civiles que militares), pagando con impotencia y empobrecimiento un sistema podrido desde el tuétano

Sin embargo, al atravesar la confusión de información sesgada e incoherente, resulta ya imposible aceptarlo como normal. Entonces se comprende que todo podría cambiar, pues su inmenso poder es fundamentalmente frágil, aunque parezca sólido y duradero

Pero esto sólo sucederá si el rebaño se logra organizar

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